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Verde, verdura, Viriplaca, clorofila

El color verde

La palabra ‘verde’ tiene varios sentidos. He aquí algunos

Verde es un color semejante al de la hierba fresca. Me encantan los paisajes colmados de vegetación por su color verde intenso.

Siguiendo el orden de los colores del espectro visible de la luz, la secuencia completa de arriba hacia abajo (del exterior al interior del arco iris), el verde ocupa la posición central, entre el amarillo y el azul. 

Una planta que no está seca. Parecía que aquel nogal estaba seco, pero mira qué verde está.

Leña o forraje que conserva la frescura. Al ganado le gustan los pastos verdes. Esta leña no arde porque todavía está verde.

Legumbre que se consume fresca, sin ningún tratamiento de conservación. Qué sabrosos son los ejotes verdes y tiernos.

Una persona poco experta, que apenas está en sus inicios, le falta madurar para que esté en plenitud. Están aún muy verdes para que se enfrenten al equipo campeón.

Lugar destinado a parques o jardines. Todos aquellos terrenos se conservarán como áreas verdes. 

Fruto que todavía no está maduro. Quise comerme este durazno, pero aún está verde. 

La Euglena viridis es una alga unicelular microscópica que fue llamada así por Ehrenberg, debido a que posee en su interior un solo cloroplasto lleno de clorofila, que le da un color verde (viridis) característico.

Verdura

El término verdura está compuesto por el adjetivo ‘verde’ más la terminación -ura; del lat. -ūra, un sufijo que “puede formar sustantivos procedentes de verbos, de participios pasivos o de adjetivos. Los derivados de verbos o de participios pasivos pueden significar cosas concretas, por ejemplo, montura, envoltura. Los derivados de adjetivos (como en el caso de viridem, ‘verde’) suelen denotar la cualidad relacionada con la palabra de la que derivan: blancura, bravura, dulzura, frescura, hermosura y, por supuesto, “verdura”, que puede significar: A) Hortaliza, especialmente la de hojas verdes. B) Color verde, verdor. C) en poesía, follaje que se pinta en lienzos y tapicerías. DLE (2026).

El término ‘clorofila’, el pigmento verde de las plantas 

La palabra ‘clorofila’ es un neologismo acuñado en francés (chlorophyle) en 1817, por los farmacéuticos Pierre Joseph Pelletier (1788-1842) y el también toxicólogo Joseph Bienaimé Caventou (1795-1887), para lo cual afirmaron: 

Nous proposons de lui donner le nom de chlorophyle. Composé du gr. χ λ ω ρ ο ́ ς « vert » et φ υ ́ λ λ ο ν « feuille ».TRADUCCIÓN: “proponemos el nombre de clorofila”. Compuesto del griego χλωρός, ‘verde’ y φυλών, ‘hoja’. Esto fue así, porque los griegos llamaban χλωρός = chlorós al color ‘verde’ y φύλλον = phýllon a la hoja de cualquier planta. Por eso también el nombre del elemento químico ‘cloro’, así como de la sustancia ‘cloroformo’, etc. Véanse las entradas “clorofila” y “cloro”).

El término ‘verde’ se registra en castellano desde el siglo XI

La palabra española ‘verde’ comenzó a documentarse desde los primeros años del siglo XI (Corominas p. 603), por eso el diccionario de Antonio de Nebrija de 1495, dice:

  • “Verde cosa en color. Viridis y glaucus”. Eso de glaucos viene del antiguo griego λαυκός = glaukós, ‘verde azulado’, de donde derivan las palabras glaucoma y glauconita.   
  • “Verde cosa que luce. Viridans.tis.
  • “Verde el meísmo color. Viriditas.atis. Más abajo mencionaré que ‘verde’ proviene del latín viride (m). 

En años posteriores se registran derivados como: verdal, verdasca, verdear, verdeguear, verderón, verdín (hay un apellido español Verdín), verdoso, reverdecer, verdecer, verdugo (vara o rama verde de un árbol y después, persona que ejecuta la tortura o la pena de muerte; y también hay un apellido Verdugo), etc. 

En latín medieval: 

Viridarium (siglo XIII): Un hermoso jardín, una pradera artificial.

Viridarius: Boscoso.

Viridiariolum: Un huerto pequeño. (Niermeyer p. 1111).

Etimología de la palabra ‘verde’

La palabra ‘verde’, en singular, deriva del latín; del acusativo viride(m), que precisamente significa lo mismo; en cambio, el plural ‘verdes’ viene del acusativo plural virides. 

Así mismo, el singular viride(m) y el plural virides derivan del adjetivo latino vĭrĭdis con el significado de: ‘de color v.’, y en sentido figurado, ‘fuerte’, ‘vigoroso’, ‘recio’, ‘robusto’, ‘fresco’, ‘reciente’. Virilis Ægyptus (Virgilio): “El fértil Egipto”. Viridis senectus (Virgilio): “Verde vejez”. Viride gramen (Virgilio): “La verde grama”. Viridior sonus (Quintiliano): “Sonido más vivo”. Viridia ligna (Cicerón): “madera v.”. Viridiores herbae (Plinio el Viejo): “Las hierbas más verdes”. Estas frases revelan claramente el significado de vĭrĭdis, ‘fuerte’, ‘vigoroso’...

Conviene señalar que la m encerrada entre paréntesis del acusativo viride(m) indica que esta letra terminal era débil y que tendía a perderse en su pronunciación en el latín vulgar, durante la transición del término hasta llegar a ‘verde’ en castellano.

¿Cómo pasó el término ‘viride(m)’ al castellano ‘verde’?

El cambio se dio en siglos, durante el paso del latín vulgar a las lenguas romances.

La forma nominativa era viridis, sin embargo, el español y la mayoría de las lenguas romances heredaron sus voces latinas del acusativo, que en el caso que nos ocupa era viride(m). Pero como en latín vulgar medieval la -m final era un sonido débil, terminó por eliminarse, de manera que viridem pasó a viride. Después, la -e final débil también comenzó a eliminarse, así que el término quedó como virid, que luego se convirtió en viri, hasta que ya en el medievo tardío quedó como “verde”, por un proceso lingüístico complejo, que no se explica aquí.

Entonces y resumiendo: Viridem > viride > virid > viri > “verde”. 

Viride(m) y viridis derivan del verbo vĭrĕo, virēre

Vĭrĭdis deriva del verbo vĭrĕo y su infinitivo virēre que significa ‘estar v.’, ‘verdear’, ‘estar v. o exuberante un bosque’, pero también se aplicaba a ‘encontrarse o alcanzar la máxima prosperidad’, ‘encontrarse uno en pleno vigor, con toda la fuerza de la juventud… como cuando uno tiene 25-30 años ¡¡¡oh qué dicha tan grande!!! 

Parece que Vĭrĭdis viene de vĭrĕo y su infinitivo virēre, porque el verde encierra la idea de vigor y lozanía o tal vez, por el contrario, vĭrĕo (vigor, lozanía, frescura) tiene ese significado por alusión al verde de una planta en pleno desarrollo que nos produce la idea de verdor, vigor, plenitud.

Raíz indoeuropea *u̯ī̆ro-s-

Finalmente, debe mencionarse que vĭrĭdis y virēre, tienen relación con el sustantivo latino vis (fuerza, poder, violencia física o violencia moral) y su plural vīrēs. Por eso se ha propuesto la raíz indoeuropea *u̯ī̆ro-s- con el significado de ‘hombre’, ‘guerrero’, a la que además pertenecen las palabras latinas: virago (mujer de cuerpo robusto, de aspecto varonil); virectum o viretum (lugar cubierto de hierbas, frondoso, pradera, bosquecillo); virens, entis (floreciente, verde, vigoroso); viresco, virescere (verdear, estar floreciente, estar exuberante); viridarium (vergel, jardín); virilitas, atis (la firmeza del varón); el adverbio viriose (con fuerza); el adverbio vĭrĭdĕ (de color verde, con verdor, en la pluma de Plinio); el plural vĭrĭdĭa (las plantas, hierbas o árboles verdes, como en omne viride agri ‘toda la verdura del campo’), etc.

La diosa romanaViriplaca

Dea Vĭrĭplāca (la diosa romana del restablecimiento de la concordia conyugal, la que aplacaba al marido furibundo (¿y cuando la brava era la mujer? ¿no había quien defendiera al marido? Porque…); de vir, ‘varón’ y placare, ‘contener’, ‘aplacar’, ‘calmar’. Había otras diosas en la mitología romana protectoras de los niños, aunque no relacionadas con vir y viridis. Entre otras: Orbona (de orbus, ‘huérfano’), la diosa que protegía a los huérfanos; Deverra (protectora del barrido y el aseo de las casas); Intercidona (protectora de las mujeres contra los insultos de los silvanos), Pilumnus, Picumnus y otras protectoras del hogar, la familia y los niños, pero cuyo origen no se va a discutir aquí.

La diosa menor Viriplaca es citada por varios autores romanos, pero uno de los más memorables es la cita que hace Valerius Maximus (15 a. C.-35 d. C.), en su obra Factorum et dictorum memorabilium libri IX (Nueve libros de dichos y hechos memorables). Libro II, capítulo 1,6 / o sección relacionada con las instituciones antiguas)., concretamente, en el Libro II, capítulo 1, sección 6, al describir las antiguas costumbres e instituciones religiosas de los romanos. En ese escrito, menciona el pequeño santuario (sacellum) de la diosa Viriplaca situado en el monte Palatino.

«Cuando había una disputa entre el marido y la mujer acudían ambos al pequeño santuario de la diosa Viriplaca, y allí, tras decirse el uno al otro todo lo que querían, una vez apaciguados los ánimos regresaban a casa reconciliados. Se dice que esta diosa debe su nombre a que conseguía calmar a los maridos; realmente era objeto de gran veneración y no sé si era honrada con distinguidos y exquisitos sacrificios como guardián de la paz diaria en el hogar, ya que con su advocación devolvía el respeto que las esposas deben al marido siempre en mutuo cariño». ¿Sería tan fácil? (http://www.historiaclasica.com/2010/01/resolviendo-conflictos-matrimoniales-en.html).

No obstante, ya a finales de la República, esta diosa va perdiendo poder y hay un marcado incremento en los divorcios (https://hortushesperidum.blogspot.com/2012/11/).

Jesús Gerardo Treviño Rodríguez. 18 de octubre de 2026.

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